sábado, 16 de junio de 2007


El viejo.

El viejo empino el vaso y en un solo trago vació lo que quedaba en el, lo depósito con suavidad en la mesa mientras miraba hacia la puerta, que con su madera desvencijada le permitía el paso a un atisbo de sol del atardecer, que dibujaba filigranas de luz en el piso del salón.
Las manos arrugadas buscaron otro cigarrillo y mientras lo encendía, sus ojos cansados imaginaron siluetas desconocidas en la ventana, aunque lo negara con la voz.
Dejaba notar en su mirada el peso de la edad, el paso de una vida de trabajo, dibujo un mapa de arrugas en su rostro, duro y reseco por el sol y el frió.
La angustia de la espera, le acerco otro vino, que empino mirando nuevamente hacia la puerta, como todas las tardes, esperando en silencio, vino a vino, hora a hora.
Esperando en silencio, sin preguntar, sin reclamar, esperando en silencio.

Yo caminaba por la calle mirando todo, sintiendo en la piel el calor de los recuerdos, que paso a paso perfumaban la tarde con olor a infancia, me di cuenta que tenia el recorrido memorizado, mis pies habían recorrido muchas veces esas calles, esas veredas, esa necesidad de seguir y buscar algo en ellas, que deje olvidado en algún lado, alguna tarde de otoño, me llevo lentamente hasta la puerta del bar.
Fue mecánicamente que toque el cartel de la entrada (ahora arrumbado por el oxido) y recordé la suavidad de su pintura, y empuje la puerta.
La oscuridad del, salón y el contraste con el sol del exterior me cegaron por unos minutos, pero igual avance como de memoria y reconociendo el olor rancio de las rejillas con las que limpian el estaño, avance hacia la mesa y me senté.
Me vi. con los pantalones cortos y las rodillas sucias, sentado en la mesa.
- Quiere tomar algo m´hijo ?
- No gracias.
- Seguro?
- Si seguro.
La sonrisa le iluminaba el rostro.
Me sorprendí mirándome las rodillas y tocándome el pantalón.
Alce la mirada y encontré los ojos que me miraban fijo, con alegría, con nostalgia, un esbozo de sonrisa iluminaba lentamente la cara del viejo, que levantando su vaso y como recordando tiempos pasados me decía:
- Quiere tomar algo m´hijo ?
- No gracias.
- Seguro?
- Si seguro.
Ahora todo tenia sentido, esa caminata por la tarde, me habían llevado sin rumbo a recorrer un camino de la infancia. Me habían hecho recordar una rutina pequeña, pero que disfrutaba mucho, ese deseado encuentro con el viejo, que me tomaba como un par y me ofrecía algo para tomar.
Mi complicidad de decirle que no con una sonrisa, dejando saber que ese era su lugar como hoy, en esta tarde de nostalgia que me encuentro frente a frente nuevamente con el viejo.
Porque el viejo, era mi padre.

Feliz Dia del Padre…

MrB

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